Amplio, profundo, con corrientes ascendentes y descendentes, con resacas y mareas, lleno de contrastes. A veces frío y a veces caliente. Nadie puede negar su existencia pero pocos lo conocen en profundidad. Puede ser rico y luminosos hasta enamorar, lúgubre y hediondo hasta repugnar.
Respecto a mí, el mar me fascina, me encanta como lame temeroso mis pies, y otros días me empapa entera sin contemplaciones. Me encanta flotar en mar abierto y apenas ver la costa, observar los claroscuros del agua mientras siento el mayor pánico de mi vida al ver la inmensidad inabarcable.
No hay nada mejor que bucear (literalmente), mover las aletas lentamente mientras las algas se apartan a tu paso, sentir las corrientes en los tobillos y mirar con curiosidad los peces y estrellas que te ven y no quieren verte.
Es como él, lo amo y lo temo.
Esta es la metáfora más literal que he encontrado, y la que más me complace.


