24.10.11


En el momento mágico en el que las lámparas de la calle se apagan y el sol sólo despunta, ellos aparecen, sigilosos, aprovechando los minutos de oscuridad y adormilamiento. Trepan por las piernas de la gente, suben hasta los hombros y se acurrucan detrás de la oreja pasando desapercibidos.
Una vez situados y protegidos, susurran a la gente los miedos que tanto les cuesta ocultar, los sentimientos reprimidos durante el día,la felicidad fingida...la destruyen.
Son el mal, la cruel realidad, llevan tatuado en la piel las palabras de la verdad, despiadada y sin eufemismos porque ellos saben que es así el mundo. Oscuro y horrible. Por ello se encargan de desengañar a la gente.



Bienvenido Otoño, bienvenida Lluvia.